Hay algo que a muchos nos cuesta bastante después de sacar fotos: seleccionar.
Volvés de un viaje, una sesión o un evento con varias imágenes parecidas. En una te gusta la expresión, en otra la luz, en otra el encuadre. Y terminás queriendo mostrar cinco fotos que, en el fondo, cuentan casi lo mismo.
A mí me pasa todo el tiempo, tanto para mis fotos personales como de trabajo. Sin dudas, es una de las cosas que más me cuestan desde hace años.
Igualmente, con el tiempo fui mejorando. De a poco aprendí que seleccionar no es solamente borrar las fotos que salieron mal. También es parte del acto de fotografiar (una parte importante, por cierto).
Para no dar mil vueltas, cuando tengo que elegir entre fotos parecidas, trato de preguntarme:
¿Cuál transmite mejor lo que estaba pasando? ¿Hay dos que digan casi lo mismo? ¿Alguna es más fácil de entender?
¿Cuál se parece más a la forma en que yo quiero contar esa escena?
¿Alguna se «siente» más que otras?
A veces, cuando selecciono para redes, también pruebo ver las fotos «entre-cerrando» los ojos, para tratar de medir si la foto se lee fácil, o si impacta. No siempre funciona, pero no está de más intentarlo.
La foto que elijo no siempre es la más perfecta técnicamente, sino la que, para mí, representa mejor el momento o cómo yo veía ese lugar.
Como hay un componente subjetivo importante, tené en cuenta que cuanto más seleccionás tus propias fotos, más aprendés sobre vos mismo/a.
Empezás a darte cuenta de qué tipo de luz te gusta, qué momentos te llaman más la atención, cuánto necesitás mostrar y qué cosas se repiten en tus fotos, casi sin querer.
En definitiva, es una manera de encontrar lo que muchos llaman «estilo propio»… que no es más que una descripción gráfica de tus gustos personales. Y está bien que sea así.
Si querés, la próxima vez que te cueste seleccionar entre fotos parecidas, probá que que te contaba más arriba: en vez de preguntarte cuál es «la mejor», preguntate cuál te dice más.
Ojalá con eso te resulte un poco más fácil.




