Ayer recibí un mensaje de Cristian, un ex alumno, apasionado de la fotografía, en el que me compartía un reel que había visto en Instagram, proponiéndolo como idea para este newsletter. Me gustó tanto, que acá estoy, escribiendo sobre eso.
En ese reel, Ana María Bovo habla de lo lindo de «volver a mirar con ojos nuevos las fotos que creemos sabernos de memoria». Y lo muestra con un ejemplo de su abuela que no tiene desperdicio.
Personalmente, soy fanático de ver fotos, y más si son de cuando éramos chicos. De mis abuelos, mis viejos, mis hermanos, primos, amigos. Momentos compartidos, viajes, cumpleaños.
Y como dice Ana María, hay fotos que vi tantas veces que caigo en la trampa de creer que las sé de memoria. Pero… ¿será cierto? ¿Podemos confiar tanto en nuestra memoria en una época tan plagada de estímulos visuales?
En este momento me dan ganas de buscar esas cajas repletas de fotos, esos álbumes en el fondo del placard, y sumarme a ese desafío de encontrar novedades en esos registros históricos. ¿Habrá alguna mirada que me haya perdido en una foto? ¿Algún gesto que ya me olvidé? ¿Quizás detalles que nunca vi? ¿Una faceta divertida de alguien que creía muy serio? ¿Alguna risa que extraño mucho?
Revisar buenos recuerdos nunca está de más, y es una de las cosas que más valoro de la fotografía. Y mientras pienso en eso, también me doy cuenta de que, con mi trabajo, muchas veces tengo el privilegio de estar del otro lado de esos recuerdos. Haciendo esas fotos que, quizás dentro de algunas décadas, alguien vuelva a mirar buscando una mirada, un gesto o una risa que había olvidado.
Y creo que esa es una de las razones por las que insisto tanto con mantener la naturalidad de los momentos, con captar lo real, lo que trasciende, lo que vamos a querer recordar para siempre. Porque quizás hoy esa foto sea solamente una más entre tantas, pero algún día puede ser la que nos haga volver a un momento que creíamos olvidado.
Todo esto lo pienso mucho cuando saco fotos, pero también cuando enseño. Porque si la fotografía me ayudó a mirar de otra manera y a valorar momentos que antes pasaban desapercibidos, también me gusta poder transmitírselo a otros con todo lo que hago. En este mail, en mis redes y en mis cursos.
Dicen que lo bueno se comparte, pero además de contar una idea, me gusta poder explicar cómo llevarla a la práctica. Cómo hacer para que una foto diga lo que queremos decir, para que transmita lo que está pasando, para que genere esa emoción que sentimos cuando revivimos un momento tan real.
Y quizás por eso también me gusta tanto enseñar fotografía. Soy un afortunado por trabajar de lo que me gusta, pero sobre todo por poder compartirlo. Ese mensaje de Cristian validó eso que tantas veces pienso: la fotografía es contagiosa. Ojalá te esté contagiando un poco a vos, porque vale la pena.
Antes de despedirme, te comparto el reel del que hablaba al inicio:
https://www.instagram.com/reel/DVoSkZ8AKm7/
Un abrazo!




